Terapia deportiva para la hipertensión.

Muchos son los autores que defienden la práctica deportiva como tratamiento o ayuda al tratamiento de la hipertensión arterial. Algunos incluso postulan que el descenso en la presión arterial de pacientes hipertensos tras la práctica deportiva se da tanto si se combina con un estilo de vida sano y con un tratamiento farmacéutico como si no. No obstante, a la hora de planificar ejercicios y una rutina de entrenamiento para personas con esta patología nos asaltan las dudas y los variados criterios de diferentes profesionales del deporte. Intentaremos con este artículo esclarecer qué es mejor, qué es peor y por qué.

¿Por qué deporte ante la hipertensión?

Beneficios del deporte

Resulta evidente, incluso hoy en día ya ocioso, mencionar que el deporte supone una serie de beneficios sociales y de la calidad de vida y bienestar general a quienes lo practican. Por mencionar a algunos de los autores que hablaron en el pasado, lejano ya, de estos beneficios podemos citar a (Wankel & Berger, 1990) quienes los listaban de la siguiente manera:

TABLE 1 Types of Benefits from Sport II  
I Personal Enjoyment II Personal Growth III Social Harmony IV Social Change Educational
Enjoyment/Fun Flow   Physical Health -cardiovascular -muscular strength -muscular endunance -flexibility -bone structure -weight management Psychological Well Being -anxiety reduction -depression reduction -Socialization Socialization Inter-Group Relations Community Integration Educational Attainment Social Status Social Mobility

Nos centraremos para el siguiente trabajo en los beneficios cardiovasculares y, en concreto, en los beneficios para la hipertensión. Pese a dejar de lado el resto de los beneficios, cabe destacar que suponen una parte más inseparable del conjunto de cualidades mejoradas de nuestro organismo y que, en muchas ocasiones, están fuertemente relacionadas. Por ejemplo, (Jonas, Franks, & Ingram, 1997) establecen una relación directa entre algunos tipos de ansiedad o depresión y la incidencia en la hipertensión. Por otra parte, ya en 1985 (Modan et al., 1985) establecía una relación estadística entre la obesidad y la hipertensión y, más recientemente, (Rahmouni, Correia, Haynes, & Mark, 2005) realizaba un análisis más profundo de cómo la obesidad provoca disfunción endotelial y alteraciones en la función renal lo cual podría participar activamente en el desarrollo de la hipertensión. Es por ello que los beneficios del deporte para la hipertensión deben considerarse desde un punto de vista global y deben ser medidos usando la mayor y más variada cantidad de variables posible.

Efectos de la actividad física en pacientes con hipertensión

La actividad física ha pasado de ser un contraindicativo a ser una recomendación en pacientes con hipertensión (Giannuzzi et al., 2005), lo cual pone de manifiesto que debe haber numerosos e importantes motivos para ello. Uno de ellos es la, ya nombrada, obesidad. Si existe sobrepeso, el cual suele ser un precursor y a su vez característica típica de los hipertensos (Study, 2015), éste podrá verse reducido tras un entrenamiento específico y con ello favorecer la reducción de la presión sanguínea como hemos visto anteriormente.

Varios son los ensayos que han conseguido probar una mayor reducción de la presión sistólica y diastólica en un grupo de personas hipertensas que realizaba un entrenamiento aeróbico frente a otro grupo de control que no lo realizaba. Como, por ejemplo, el realizado por (Stewart, Bacher, & Turner, 2005) en el que comprobó como un entrenamiento específico de resistencia de 6 meses de duración en 51 participantes de entre 55 y 75 años con presiones sistólicas entre 130 y 159 mmHg y diastólicas de entre 85 y 99 mmHg consiguió reducir la presión diastólica 2,2 mmHG más que en el grupo de control de 53 participantes de iguales características. La presión sistólica también se vio reducida en mayor medida en los participantes sometidos al entrenamiento que en los de control, pero la diferencia no fue tan significativa, sólo de 0,8 mmHg. Otra observación del mismo estudio es que los pacientes entrenados vieron reducido su peso y su porcentaje de grasa corporal.

Pero este ensayo es sólo uno más de varios con resultados parecidos que demuestran en su conjunto que la práctica de un entrenamiento específico puede ayudar a disminuir la presión sanguínea en pacientes hipertensos. En el artículo de (Hamer, Taylor, & Steptoe, 2006) se expone un resumen de 15 estudios más de los cuales 10 consiguieron reducciones significativas de la presión diastólica tras un entrenamiento de resistencia aeróbica.

Por otra parte, las enfermedades cardiovasculares, entre ellas la hipertensión, están asociadas con una excesiva actividad del sistema nerviosos simpático (Mueller, 2007), mientras que varios estudios (VALETTE, COHEN, & HUIDOBRO, 1957),  (Zanesco & Antunes, 2007) y (Krieger, Brum, & Negrão, 1998) han podido comprobar como tras un entrenamiento de resistencia aeróbica prolongado los niveles de actividad del sistema nervioso simpático disminuyen.

De la misma manera, la disfunción endotelial asociada a la hipertensión podría verse mejorada tras el entrenamiento debido a su influencia en la respuesta vasodilatadora del músculo liso vascular (Westhoff et al., 2007).

En las siguientes figuras podemos ver las reducciones medias en las presiones sistólica (izquierda) y diastólica (derecha) de 50 ensayos realizados entre 1986 y 2000 (Seamus P. Whelton; Ashley Chin, MPH, MA; Xue Xin, MD, 2002)

¿Cómo entrenar?

Riesgos previos

En primer lugar, se deben tener en cuenta los posibles riesgos o contraindicaciones que pudiera haber. Resulta evidente, pero nunca está de más mencionarlo, que la actividad física conlleva un riesgo de lesión o sobrecarga muscular o articular. Por lo que todos los ejercicios deberán ser dirigidos y revisados para realizarlos con la mejor técnica y adecuación posible.

El factor a tener en cuenta más relacionado con el presente trabajo es la presión sanguínea normal del cliente. Según las recomendaciones de la Asociación Francesa de Cardiología (Brion & Carré, 2009) se debe reducir la intensidad de los entrenamientos con personas que tengan una presión sistólica superior a 180 mmHg y diastólica superior a 105 mmHg. Asimismo, se deberá tener en cuenta la posibilidad de la existencia de trombos en alguna de las arterias principales que pudieran causar alguna complicación. No obstante, las estadísticas dicen que no es muy probable que haya problemas cardiovasculares derivados del entrenamiento si éste es dirigido profesionalmente. En un registro francés se presenta sólo un paro cardíaco (recuperado) por año y tras 1,3 millones de horas de entrenamientos. Sin embargo, sí que pueden ser más frecuentes en actividades no supervisadas que pueden desembocar en problemas cardíacos tras un esfuerzo no adecuado o tras la combinación de diversos problemas cardíacos con un posible trombo no localizado que provoque una muerte súbita (Parmar, Reeves, & Denney, 2006). Así pues, será imprescindible realizar un análisis lo más profundo posible de la persona a tratar y adaptar el entrenamiento de modo que tenga en cuenta todas las características personales como las ya mencionadas y algunas otras que podrían también afectar al desarrollo del entrenamiento como pudiera ser sobrepeso, tabaquismo, estado psicosocial del cliente, etc. (Barefoot et al., 1996).

Tipo de ejercicio

Ensayos de cuatro semanas de entrenamientos aeróbicos suaves con ejercicios como caminar, correr, bicicleta estática o combinaciones de los anteriores han demostrado un descenso leve pero clínicamente significativo en la presión sanguínea (Halbert et al., 1997). En entrenamientos de resistencia algo más intensos y prolongados los beneficios pueden ser bastante superiores, con reducciones medias de 10,5/7,6 mmHg en presiones sistólica y diastólica respectivamente (Tsai et al., 2004) (Seamus P. Whelton; Ashley Chin, MPH, MA; Xue Xin, MD, 2002). No parece haber importantes diferencias entre los entrenamientos convencionales de resistencia y los de circuito (Kelley & Kelley, 2000).

El trabajo isométrico está generalmente contraindicado para personas con hipertensión por la posible retención de líquidos que podría ocasionar (Wright, n.d.) y sobretodo por el riesgo de fallo cardíaco en caso de ejercicios muy intensos con gran esfuerzo isométrico en el que realicemos la maniobra de valsalva (periodo de apnea durante el esfuerzo máximo) generando una gran presión intratorácica (Imholz et al., 1988). No obstante, existen algunos estudios en los que se recomienda un trabajo isométrico moderado sin grandes esfuerzos ni periodos de apnea, por supuesto, y que podría ser muy beneficioso para que las personas de avanzada edad o aquéllas con dolencias articulares puedan trabajar los diferentes grupos musculares sin sobrecarga articular (Seals et al., 1985) y (JR, TW, & SA, 1987).

Los ejercicios propioceptivos y de trabajo en desequilibrio son frecuentemente ofrecidos a personas mayores con hipertensión para proporcionar no sólo un bienestar general y mejora de las condiciones físicas y de presión sanguínea sino también un mejor rendimiento funcional. En particular, en el equilibrio y la coordinación, ayudando así también a la prevención de caídas (Casillas, Gremeaux, Damak, Feki, & Pérennou, 2007).

Intensidad y volumen.

Los efectos en la bajada de la presión sanguínea se han podido observar desde niveles de intensidad relativamente bajos sobre la capacidad máxima del individuo (THOMPSON et al., 2001), por lo tanto no serían necesarias sesiones muy intensas para obtener estos beneficios. De hecho, el meta-análisis ya mencionado de (Kelley & Kelley, 2000) muestra que no se obtienen beneficios extra en la reducción de la presión sanguínea subiendo la intensidad de las sesiones por encima del 70% de la capacidad máxima o aumentando el número de sesiones por semana por encima de 3. Algunos estudios incluso muestran no apreciar ninguna diferencia en el descenso de la presión sanguínea tras un entrenamiento con intensidades medias con respecto a si el entrenamiento se realiza con sesiones de baja intensidad (Rogers, Probst, Gruber, Berger, & Boone, 1996), (Moreira, Fuchs, Ribeiro, & Appel, 1999). Es por esto que se considera recomendable una intensidad entre media y moderada sin sobrepasar el umbral anaeróbico o el 50% de la capacidad láctica máxima (Arakawa, 1999).

Conclusiones

La actividad física supone, en general, un método efectivo para la reducción de la presión sanguínea en pacientes hipertensos tanto si se combina con un estilo de vida adecuado y medicación pertinente como si no. El deporte puede aportar beneficios sociales y anímicos a quien lo practica que, unidos a los beneficios funcionales y fisiológicos, pueden incrementar la calidad de vida y longevidad notoriamente. Entre los tipos de ejercicio a practicar sería recomendable introducir entrenamientos progresivos de 3 sesiones por semana que incluyan ejercicios de resistencia aeróbica y de movilidad funcional adaptados a cada cliente y con intensidades de leves a medias.

Referencias

Arakawa, K. (1999). EXERCISE, A MEASURE To LOWER BLOOD PRESSURE AND REDUCE OTHER RISKS. Clinical and Experimental Hypertension, 21, 797–803.

Barefoot, J. C., Helms, M. J., Mark, D. B., Blumenthal, J. A., Califf, R. M., Haney, T. L., … Williams, R. B. (1996). Depression and long-term mortality risk in patients with coronary artery disease. American Journal of Cardiology, 78(6), 613–617.

Brion, R., & Carré, F. (2009). Recommandations de la Société française de cardiologie. Archives Des Maladies Du Coeur et Des Vaisseaux – Pratique, 2009(182), 41–43.

Casillas, J. M., Gremeaux, V., Damak, S., Feki, A., & Pérennou, D. (2007). Exercise training for patients with cardiovascular disease. Annales de Réadaptation et de Médecine Physique, 50(6), 403–418.

Giannuzzi, P., Adamopoulos, S., Bjornstad, H., Corra, U., Bjarnason-weherns, B., Cohen-solal, A., … Care, C. (2005). Executive summary of the Position Paper of the Working Group on Cardiac Rehabilitation and Exercise Physiology of the European Society of Cardiology ( ESC ): core components of cardiac rehabilitation in chronic heart failure and on behalf of the Working G. European Journal of Cardiovascular Prevention and Rehabilitation, 12, 321–325.

Halbert, J., Silagy, C., Finucane, P., Withers, R., Hamdorf, P., & Andrews, G. (1997). The effectiveness of exercise training in lowering blood pressure: a meta-analysis of randomised controlled trials of 4 weeks or longer. Journal of Human Hypertension, 11(10), 641–649.

Hamer, M., Taylor, A., & Steptoe, A. (2006). The effect of acute aerobic exercise on stress related blood pressure responses: A systematic review and meta-analysis. Biological Psychology, 71, 183–190.

Imholz, B. P. M., Montfrans, G. A. V., Settels, J. J., Hoeven, G. M. A. V. Der, Karemaker, J. M., & Wieling, W. (1988). Continuous non-invasive blood pressure monitoring: Reliability of finapres device during the valsalva manoeuvre. Cardiovascular Research, 22(6), 390–397.

Jonas, B. S., Franks, P., & Ingram, D. D. (1997). Are symptoms of anxiety and depression risk factors for hypertension? Longitudinal evidence from the National Health and Nutrition Examination Survey I Epidemiologic Follow-up Study. Archives of Family Medicine, 6(1), 43–49.

JR, P., TW, F., & SA, G. (1987). Isometric exercise for an individual with hemophilic arthropathy. Physical Therapy, 67(9), 1359–1364.

Kelley, G. A., & Kelley, K. S. (2000). Progressive Resistance Exercise and Resting Blood Pressure. Hypertension, 35(3), 838–843.

Krieger, E. M., Brum, P. C., & Negrão, C. E. (1998). Role of arterial baroreceptor function on cardiovascular adjustments to acute and chronic dynamic exercise. Biological Research, 31(3), 273–279.

Modan, M., Halkin, H., Almog, S., Lusky, A., Eshkol, A., Shefi, M., … Fuchs, Z. (1985). Hyperinsulinemia. A link between hypertension obesity and glucose intolerance. Journal of Clinical Investigation, 75(3), 809–817.

Moreira, W. D., Fuchs, F. D., Ribeiro, J. P., & Appel, L. J. (1999). The effects of two aerobic training intensities on ambulatory blood pressure in hypertensive patients: Results of a randomized trial. Journal of Clinical Epidemiology, 52(7), 637–642.

Mueller, P. J. (2007). Exercise training and sympathetic nervous system activity: Evidence for physical activity dependent neural plasticity. Clinical and Experimental Pharmacology and Physiology, 34(4), 377–384.

Parmar, M., Reeves, S. J., & Denney, T. S. (2006). Bayesian restoration of color images using a non-homogenous cross-channel prior. Proceedings – International Conference on Image Processing, ICIP, 3.

Rahmouni, K., Correia, M. L. G., Haynes, W. G., & Mark, A. L. (2005). Obesity-Associated Hypertension. Hypertension, 45(1), 9–14.

Rogers, M., Probst, M., Gruber, J., Berger, R., & Boone, J. (1996). Differential effects of exercise training intensity on blood pressure and cardiovascular responses to stress in borderline hypertensive humans., 1369–1375.

Seals, D. R., Hurley, B. F., Hagberg, J. M., Schultz, J., Under, B. J., Natter, L., & Ehsani, A. A. (1985). Effects of training on systolic time intervals at rest and during isometric exercise in men and women 61 to 64 years old. The American Journal of Cardiology, 55(6), 797–800.

Seamus P. Whelton; Ashley Chin, MPH, MA; Xue Xin, MD, M. and J. H. (2002). Effect of Aerobic Exercise on Blood Pressure: A Meta-Analysis of Randomized, Controlled Trials. Annals of Internal Medicine, 493–503.

Stewart, K., Bacher, A., & Turner, K. (2005). Non-Drug Therapy.Effect of Exercise on Blood Pressure in Older Persons: A Randomized Controlled Trial. Archives of Internal Medicine, 165, 756–762.

Study, T. F. (2015). The Relation of Adiposity to Blood Pressure and.

THOMPSON, P. D., CROUSE, S. F., GOODPASTER, B., KELLEY, D., MOYNA, N., & PESCATELLO, L. (2001). The acute versus the chronic response to exercise. Medicine and Science in Sports and Exercise, 33(Supplement), S438–S445.

Tsai, J. C., Yang, H. Y., Wang, W. H., Hsieh, M. H., Chen, P. T., Kao, C. C., … Chan, P. (2004). The Beneficial Effect of Regular Endurance Exercise Training on Blood Pressure and Quality of Life in Patients with Hypertension. Clinical and Experimental Hypertension, 26(3), 255–265.

VALETTE, G., COHEN, Y., & HUIDOBRO, H. (1957). Action du calcium à l’état complexé par l’acide éthylène-diamine-tétraacétique sur la sensibilité des organes isolés à divers agents pharmacodynamiques. Journal de Physiologie, 49(1), 409–413.

Wankel, L. M., & Berger, B. G. (1990). The Psychological and Social Benefits of Sport and Physical Activity. Journal of Leisure Research, 22(2), 167–182.

Westhoff, T. H., Franke, N., Schmidt, S., Vallbracht-Israng, K., Meissner, R., Yildirim, H., … Van Der Giet, M. (2007). Too old to benefit from sports? The cardiovascular effects of exercise training in elderly subjects treated for isolated systolic hypertension. Kidney and Blood Pressure Research, 30(4), 240–247.

Wright, P. (1981). Prolonged Isometric Exercise. Hypertension, 8, 182-187

Zanesco, A., & Antunes, E. (2007). Effects of exercise training on the cardiovascular system: Pharmacological approaches. Pharmacology and Therapeutics, 114(3), 307–317.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *