Aquí estoy de nuevo. Por un lado me da pena publicar ésto porque es el mismo viaje que el publicado justo antes pero de la ronda siguiente. Es decir, hace un año que no escribo nada y eso significa que hace un año que no hago ninguna ruta interesante. Pero bueno, ha sido un año de hacer muchas cosas y, por lo menos, el futuro parece más prometedor en cuanto a mi relación con la montaña.
En este volante eran muchos los retos a los que me enfrentaba, el primero y más importante: guiar a los pioneros en una ruta de cuatro días por ordesa totalmente aislados de cualquier apoyo de comida o evacuación. Pero sentía que también había otros que me preocupaban menos, como disipar dudas, algunas poco serias y el resto nada serias, sobre la capacidad de los pioneros para hacer eso y mi capacidad para guiarles y decidir lo que era peligroso y lo que no y lo que había que hacer en cada momento. Por suerte contaba con la inestimable ayuda de María, con su facilidad para acercarse a la gente, su capacidad de acuerdo y mediación y su conocimiento de la montaña.
10-agosto-09
El lunes amanecimos en el polideportivo de Broto donde estaba el campamento evacuado por las lluvias. Con mi furgoneta y el coche de Jorge salimos hacia Nerin, viniéndose con nosotros Justo y Jorge para volverse con los coches. Una vez en Nerín, preguntamos por la pista que subía a Cuello Arena para empezar el volante. Después de varias paradas para colocar bien las mochilas empezamos a subir. La ruta era corta pero cubría bastante desnivel, aunque yendo por pista no se hacía demasiado desagradable. En seguida se formó lo que iba a ocurrir durante casi todo el campamento volante: Claudia y Mery se quedaron atrás, el resto iba delante a un ritmo por encima del deseable y María y yo acabábamos en medio tratando de no perder de vista a ninguno de los dos grupos. Al día siguiente, cerca de Cuello Gordo tuve que explicarles, quizá de mala manera, no lo sé, como se ha de caminar por montaña y sobretodo cómo se ha de caminar en grupo.
El calor era importante y la subida se hacía pesada en algunos tramos, llegó incluso a marearse un poco Claudia que tuvo que soltar la mochila y sentarse un rato a beber. La lección sobre material la dio este año Nico en vez de Mery, llevando una mochila que se rompió nada más empezar a subir. Por suerte, teníamos hilo y aguja y María pudo coser las asas de alguna manera.
Cuando empezamos a ganar altura apareció un riachuelo en el que algunos querían bañarse. Evidentemente la respuesta era no, no sólo por el frío sino porque el cielo amenazaba lluvia y no teníamos aún refugio. Entre las 2h y las 3h llegamos al refugio Cuello Arena y me encontré lo que había estado temiendo desde que planifiqué la ruta: estaba cerrado. No obstante, vimos un cartel que indicaba un sitio para pernoctar a 600 m. Nos asomamos Mario, María y yo pero no vimos nada. Había a lo lejos unos palos que parecían de unas vayas para el ganado, dudamos entre acercarnos 2 ó 3 a ver o directamente ir todos, pero como la lluvia se acercaba y no tenísmo sitio en el que refugiarnos fuimos todos.
A algo más de 600 m vimos una caseta de piedra. Más tarde, hicimos ejercicios de ubicación y vimos que podía tratarse de una construcción que en el mapa aparecía como Mallata Sesé, aunque en el cartel ponía otro nombre. Apenas cabían 6 ó 7 personas allí dentro, pero nosotros éramos 10, así que tuvimos que jugar a tetris para dormir, y a pesar de eso fue una noche bastante mala, dormimos muy muy apretados. De todas formas pasamos la tarde allí muy bien, nos pudimos guarecer de la lluvia cuando llovió y cuando no llovió pudimos recoger y potabilizar agua de un manantial que había para suministrar a un bebedero para el ganado y pudimos hacer el taller de supervivencia. Creo que les gustó bastante, se hizo mucho más largo de lo que tenía pensado porque todos comentaban, podéis ver aquí un artículo sobre los temas que tratamos. Luego les mostré un kit de supervivencia que había hecho para hablar un poco de las cosas que se pueden llevar y por qué, ahí parece que se comentaron menos cosas, quizá porque estábamos dentro de la casa ya pensando en la cena, luego pensé que se me olvidó meter algo de dinero en el kit y preguntar a ellos qué meterían que no estuviera o que quitarían de lo que ya hay.
11-agosto-09
El martes nos esperaba una jornada bastante suave, de hecho, si no los paro en Cuello Gordo hubieran llegado en dos horas, y hubieran estado dos horas más esperando a los rezagados. Tras pasar Cuello Gordo y explicarles cómo se camina en grupo y en montaña fuimos divisando poco a poco el valle y me di cuenta de lo que ya me imaginaba viendo el mapa: esas eran las vistas más bonitas de todo el parque. Se veían imponentes las tres sorores: Monte Perdido, el Cilindro de Marboré y el pico de Añísclo; en las faldas Góriz y abajo, entre cortados y aristas, empezaba el vaye nacido de la preciosa Cola de Caballo. Creo que esa vista era un objetivo importante del volante y creo que tuvo la huella que yo esperaba en la mayoría de los chavales.
Tras una suave senda escarpada llegamos al refugio de Góriz, comimos y los pioneros se fueron a hacer sus 24 horas pioneras, que en realidad fueron 16 pero creo que tuvieron un efecto muy positivo y constructivo y se sintieron agusto haciéndolas, que era lo más importante. Aunque la noche para María y para mí fue horrible, pasamos mucho frío y había bastante humedad, cosa que no predije para nada ya que a esa altura no suele haber relente, pero bueno, por lo menos los chavales parece que pudieron refugiarse un poco y hacerse su medio vivac para dormir medio bien.
12-agosto-09
El miércoles el plan era bajar por la Faja de Pelay hasta Calcilarruego. Ya el día anterior pensé que una vez en Calcilarruego bajaríamos a Torla en lugar de hacer la cresta de montaña hacia el sur que teníamos pensada porque la rama no estaba preparada para eso, pero de todas formas no hizo falta, la lluvia nos hizo bajar por el valle en lugar de por la Faja de Pelay.
Nada más salir ya tuvimos que volver porque nos habíamos dejado la bolsa de basura, menos mal que nos acordamos. Después de un rato llegamos a las amadas clavijas de Soaso que tanto gustaron a algunos. No dudé en bajar por ellas porque sabía que para ellos era una experiencia nueva y que a la mayoría les iba a gustar. Entre María y yo fuimos ayudando a los que más miedo tenían y no hubo ningún problema ni peligro. La única anécdota peligrosa fue causada por dos o tres personas que subían hacia Góriz y, curiosamente, pretendían ayudar. Cogieron mi mochila diciendo que nos las bajarían y como yo les dije que no que la dejaran que yo subiría a por ella pues la dejaron, con tan poca atención y cuidado que la dejaron encima de una cadena. Entonces, cuando alguien cogió la cadena la mochila rodó hacia abajo. Por suerte me dio tiempo a verla y gritar cuidado para que se apartaran y la mochila no los arroyara, cuando ya pasó de largo a toda la gente y la vi seguir hacia abajo me empecé a cabrear, cuanto más rodaba más me cabreaba. Pero bueno, es un accidente, hay que dar gracias que no pasó nada y hay que pensar que si quieres ayudar a alguien plantéate si no lo ayudas más pasando de largo y ya está. Al final fueron sólo la cantimplora y la brújula lo que se rompió, quizá menos de 30€, tuve mucha suerte porque llevaba también el hornillo, el móvil (que se rompió pero va) y algunas cosas más, pero sobretodo tuve suerte por lo que no llevaba, ya que teníamos cartuchos de gas, el hornillo del grupo, mi frontal, la cámara de fotos... y todo eso no lo llevaba yo.
Una vez en la Cola de Caballo, sacamos los trastos para comer porque se había hecho la una ayudando a la tropa a bajar y yendo yo a Góriz a por unos calcetines que se me olvidaron. Pero, de repente, tuve esa sensación que hace sentarse a las vacas, miré a cielo y efectivamente, iba a llover, así que recogimos todo y fue cuando decidimos no meternos en la Faja de Pelay ya que no llegaríamos a ningún sitio cubierto a comer y además sería peligroso caminar por ahí con lluvia. Bajamos por el valle en busca de alguno de los abrigos que hay. El primero, que recuerdo que estaba muy bien, estaba derruido, así que continuamos hasta el siguiente y nos cogió la lluvia. Fue breve pero intensa. Me resultó gracioso, o más bien irrisorio y ridículo, ver la cantidad de gente que pasaba con sus camisetas transpirables, sus zapatillas de trail, su mochila adaptada a la espalda, su bolsa de agua para beber, sus bastones de trekking... y totalmente calados porque no han sido capaces de pensar en llevarse un simple chubasquero. En fin, la cultura decathlon y sportlife nos está destrozando las neuronas supongo.
Por la tarde, terminamos de bajar el valle disfrutando de su frondoso y precioso bosque, pero ya algo cansados, y llegamos bastante pronto al apacamiento. Evidentemente ya habíamos decidido cambiar la ruta, bajaríamos a Torla a dormir y de ahí, al día siguiente, volveríamos al campamaneto tratando de ir lo mínimo posible por carretera. Ahora lo que estaba por ver es si tendríamos bastante dinero para el autobús entre todos o tendríamos que bajar andando (si tuviera dinero en el kit de supervivencia no hubieramos tenido problema). Gracias a Dani y Claudia que sí les quedaba dinero pudimos bajar en bus a Torla y ahí ya nos dimos una vuelta, vimos la tienda de montaña y nos fuimos hasta el parking a buscar un sitio para dormir. La cosa no estaba nada clara, en Torla se ponen muy duros con eso y hay que esconderse bastante, preguntamos a un grupo de furgoneteros y caravaneros que había por ahí y no nos dijeron gran cosa, así que buscamos la senda que bajaba a broto, caminamos un poco por ahí y en seguida encontramos un bancal abierto para entrar a dormir. Esa fue la mejor noche del volante, con espacio, sin frío... aunque también había algo de relente.
13-agosto-09
La senda de Torla a Broto era agradable, corta y con una bajada muy suave. Todo lo contrario que la carretera. Llegamos enseguida y en Broto nos encontramos con Juan, padre de Carol, que había ido a la carnicería. Tras una paradita para saludar y preguntar por la senda continuamos. Yo quería volver al campamento por el GR 15, pero en su tramo hacia Buesa estaba totalmente destrozado por unas obras que estaban haciendo en la carretera. Así que después de titubear un poco decidimos subir por la carretera, la subida fue algo pesada para algunos ya que veníamos algo cansados de los días anteriores y eso era puro asfalto cuesta arriba.
Una vez en Buesa, preguntamos y nos dijeron cuál era la pista para bajar hasta el Chate. Lo malo fue que había, lógicamente, más de una pista. Quisimos bajar demasiado pronto a la carretera y cogimos un desvío que no era, así que cansados ya y sin capacidad para decidir bien acabamos bajando medio campo a traves hasta encontrar el PR que bajaba a Sarvisé. Habíamos bajado a la carretera mucho más lejos del campamento de lo que teníamos pensado, pero aún era pronto y podíamos intentar llegar a comer. Los chavales se mostraban animados, excepto Mery que nos miraba con un poco de cara de odio ;D. Algo castigados por el Sol, tuve que dejarle mi gorra a Claudia, y bastante cansados, sobretodo psicológicamente por el tremendo caos que habíamos pasado esa mañana para llegar al campamento, por fin llegamos y gritamos acción, no en la cima de una montaña de 2.200 m pero sí con la satisfacción del trabajo bien hecho y la ruta completada con éxito y sin contratiempos.